sephora 2


Entramos al departamento sin hablar. Era en la planta baja, justo al lado de la puerta de calle. Brittany no estaba. Por las dudas volvimos a probar si había vuelto el agua caliente, pero nada, seguía saliendo helada. Le mandé un mail a Brittany y le dije que no nos habíamos podido bañar en el gimnasio, que tampoco había agua caliente ahí.

Lucas preparó el desayuno, mientras yo me limpiaba un poco con toallitas de bebé y trataba de cambiar el ánimo. Cuando volví a la cocina le pregunté qué íbamos a hacer. Estaba conteniendo la bronca, las ganas de gritarle, de mandarlo a la mierda. Cuando me dijo “no sé, solo me quiero volver a casa” no me aguanté más y empecé a gritar.

-          ¿Ves? Siempre te rendís, nunca podés resolver nada. Siempre tengo que hacer todo yo, estoy harta, estoy cansada.

-          No me rompas las pelotas, Luciana. ¿Qué querías que haga? ¿Es mi culpa que se haya roto el agua caliente del edificio? ¿Qué mierda querés que haga?

-          ¡No sé! Algo. Todo recae en mí. Yo le escribí a la mina del Air BnB, nos consiguió lo del gimnasio y fuimos y nada...Ni quisiste preguntar lo del agua, te fuiste y ya.

-          ¡Vos también podrías haber preguntado! ¿Por qué mierda tenía que hacerlo yo?

-          No sé. Porque nunca resolves nada.

-          Andate a la mierda, Luciana

Seguimos discutiendo, yo le gritaba, le pedía que reaccionara, que hiciera algo, que resolviera lo que yo no podía.

Lucas se volvió loco. Empezó a gritar, se agarraba la cabeza y caminaba en esa cocina diminuta. Iba de un lado a otro.

  • ¿Qué querés que haga? ¿Qué querés que haga? - repetía sin parar

Se tiraba de los pelos, desesperado. Parecía una escena de los Tres Chiflados, esa en la que que Curly se vuelve loco y se pasa las manos por la cara una y otra vez mientras larga un quejido agudo. Lo miraba sin saber qué hacer, me preocupé y me tenté en partes iguales, pero no podía reírme.

En medio de la desesperación me dijo algo que lo cambió todo.

  • Vos me pedís que cambie, me pedís que sea otro, todo el tiempo. ¿Qué te gusta de mi? De verdad, decime. ¿Qué me ves? 

Lucas gritaba, estaba angustiado. Yo lo miraba y no podía decir nada.

  • Yo a vos no te pido nada. Te quiero así, te acepto como sos, no quiero cambiarte.

Me quede callada. Bajé la mirada, me desplomé en la silla, quedé varada en esa cocina ajena, en ese departamento alquilado. Estábamos teniendo la peor pelea de nuestra historia en ese barrio pseudo palermitano con Apple Stores, Sephoras y Whole foods y yo no solo pensaba en bañarme con agua caliente. 


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